Empoderar a las mujeres en comunidades rurales

El 15 de octubre, Día Internacional de las Mujeres Rurales establecido por la ONU, la caficultora María Edy Rivera comparte sus pensamientos sobre el progreso hacia el empoderamiento de mujeres rurales.

María Edy Rivera

14 octubre 2016

María Edy Rivera es productora de café Fairtrade y miembro de la junta de la Coordinadora de El Salvador de Pequeños Productores Organizados de Comercio Justo (CESPPO).

En el año 2007, La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución para conmemorar el 15 de octubre como El Día Internacional de la Mujer Rural. Se pretende reconocer “la función y contribución decisivas de la mujer rural” en el desarrollo de sus respectivos territorios. Las experiencias de éxito  nos demuestran que las mujeres rurales son agentes claves para conseguir los cambios económicos, ambientales y sociales necesarios para el desarrollo sostenible; pero tienen que batallar con el acceso limitado al crédito, la asistencia técnica y la educación; la mayoría sigue sin ser dueña de su medio de vida pues la titularidad de la tierra sigue en manos de los hombres, aunque en muchos países son ellas las que la trabajan y las encargadas de mantener a la familia.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible fue aprobada y marca, en su nueva hoja de ruta, la igualdad de género y el empoderamiento, y los derechos de las mujeres como asuntos transversales en la Agenda. En CLAC, reconocemos que aún resta mucho camino por recorrer para ver una sociedad donde la voz de la mujer sea escuchada. Es por ello que el 22 de agosto de 2014, iniciamos la Escuela de Liderazgo para las mujeres, iniciativa impulsada por CLAC, La Fundación para el Autodesarrollo de la Micro y Pequeña Empresa (FADEMYPE), Cooperativa la Red Unión de Mujeres (RUM), Confederación de Federaciones de la Reforma Agraria Salvadoreña (CONFRAS), Fundación Agencia de Desarrollo Económico Local (ADEL Morazán), con el apoyo de TRIAS, con el objetivo de generar un espacio de formación, reflexión e intercambio para la inclusión de mujeres en las organizaciones de base.

María Edy Rivera es una productora salvadoreña que participó de la Escuela de Liderazgo. Ella nos cuenta su experiencia tanto en su participación directa como en su rol de facilitadora.

“No es fácil abrirse camino en una cultura dominada por hombres. Pero, el terreno ganado ha valido la pena, ya que detrás de mí hay muchas mujeres rurales que necesitan no sólo ser representadas; sino también conocer sus derechos, tomar conciencia real de la importancia del rol que tienen por el hecho de ser  mujeres. Uno de mis mayores logros ha sido conformar, desde hace un año, un grupo de mujeres con las cuales comparto todo lo que aprendí en los temas de la escuela: autoestima, liderazgo, derechos humanos de las mujeres, autonomía económica de las mujeres, mujeres territorio y trabajo del cuidado (agendas de las mujeres), división sexual del trabajo, participación de las mujeres en las estructuras de toma de decisión, principios y valores cooperativismo y marco legales, emprendimiento de las mujeres, metodología de Educación popular, técnicas de manejo de grupo, entre otros.

Desde que tenía 9 años, mi mamá ya era miembro de la Cooperativa La Florida, así que prácticamente toda mi vida ha estado en medio de cafetales. En el 2007, cuando ella falleció, ingresé formalmente a ser parte activa de la Cooperativa. Creo firmemente que soy una mujer empoderada, una mujer que ha tratado de dar ejemplo, he luchado por pertenecer y representar el derecho de las mujeres rurales ante los espacios públicos de toma de decisiones.  Soy la primera mujer productora que forma parte de la Junta Directiva de la Coordinadora de El Salvador de Pequeños Productores Organizados de Comercio Justo (CESPPO), la plataforma nacional de CLAC en El Salvador; un espacio a nivel nacional, lo cual  he logrado gracias al empoderamiento necesario no sólo a nivel de la organización sino a nivel personal, porque descubrí cómo valorarme como mujer.

Después de la Escuela, realizamos las réplicas  a otro grupo de mujeres de las 5 organizaciones miembros. Gracias a este proceso, alcanzamos a 369 mujeres productoras y emprendedoras empresarias. Con algunas de ellas formamos un grupo de ahorro y crédito, con otro grupo estamos impulsando iniciativas productivas como la elaboración de encurtidos y eso es una gran satisfacción para mí, el poder incidir a estar unidas y seguir trabajando por el bien común, y así no tener que  viajar lejos a trabajar y dejar a los hijos solos en casa.

Todo es un reto. Al principio, había mujeres que ni siquiera levantaban su mirada cuando hablaban. Pero, un año después, los avances han sido satisfactorios, todo es un proceso, no es fácil,  pero tampoco imposible.

La Escuela de Liderazgo es un espacio de suma importancia porque en el tiempo vemos cómo la mujer ha sido invisibilizada, y en la escuela encontramos la oportunidad para que la mujeres tomemos conciencia de que tenemos voz, que no se nos vea como un objeto, y que las mujeres podemos seguir adelante porque tenemos mucho que dar a las organizaciones de Comercio Justo”.

Como lo recalca María Edy, el reto de CLAC es avanzar, poco a poco, en el proceso de inclusión en los espacios asociativos, empresariales y en la toma de decisiones de hombres, mujeres y jóvenes, puesto que, de esta manera, contribuiremos a la participación democrática y sostenible en las organizaciones, que conlleve al cumplimiento de procesos justos y transparentes… valores fundamentales del Comercio Justo.

 
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